
Lagos ha sido el último. Lo repiten y lo repiten. “Las políticas de Chávez no son reproducibles en los países sin petróleo” (diario español El País, 26 de marzo). Estamos condenados. Seguimos condenados. ¿No podemos aspirar a alguito más que a un capitalismo de rostro humano? No. Lo repiten y lo repiten. No tenemos petróleo, solo un poquito de gas. Así que las “políticas de Chávez” son inaplicables en nuestra patria. No se puede reducir el analfabetismo, no se puede tener más médicos y maestros en los barrios y pueblos, en las selvas y en las montañas. No podemos vivir mejor, todos no, solo algunos pueden, los de siempre, los de antes, los de ayer. Lo piensan y lo repiten.
El ex presidente chileno, mi tocayo, no dice mentiras. No son mentiras, son algo peor. Son reflejos condicionados. Y se fabrican siguiendo el modelo del nazi Goebbels, repitiendo una y otra vez, para convertir las mentiras en reflejos condicionados. Para que la gente diga sin pensar: “el comunismo es malo”, “Evo es un terrorista porque tiene amigos terroristas”, “la nacionalización del MAS ha sido una mamada” “los médicos cubanos quitan trabajo a los bolivianos”, “la gente se va del país por culpa de Evo”… Y antes y ahora, otra vez: “la coca es cocaína”.
Las mentiras afectan al conocimiento, los reflejos, a la capacidad de pensar. Para fabricar estos reflejos hace falta dos cosas: dinero y medios de comunicación. Con plata, canales televisivos, radios y periódicos, es necesario periodistas “independientes”, analistas “objetivos”, políticos “demócratas”, presentadores “que solo informan” (“usted opina”) y portavoces, embajadores, empresarios, prefectos, senadores…
No quieren enseñar a leer ni escribir (nunca lo hicieron), quieren dominar nuestra mente, nuestra capacidad de discenir, de pensar por nosotros mismos.Una de sus armas es el secuestro del lenguaje. Todas sus palabras son falsas. Para seguir dominando y explotando el país (y el mundo) hablan siempre de democracia, libertad, orden, justicia, igualdad… escritas en altas y pronunciadas con grandielocuencia. Son palabras falsas, todas. Porque lo único que quieren decir es privilegio, “apartheid”, manipulación, difamación, caos, regresión, intereses creados…
El objetivo de este secuestro del lenguaje es sólo uno: dejarnos sin palabras. Otra vez. Y sin palabra, uno calla, agacha la cabeza, obedece y se humilla. Mande, jefe. Sin pensar.La desobediencia y la rebeldía comienzan por la palabra. Para luchar contra esos reflejos condicionados.
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